El Mensú
Para entender un poco más del patrimonio
intangible que reside en la comida misionera debemos conocer a uno de sus
personajes principales: el mensú. Eran reclutados en algún puerto fluvial
(generalmente la Trinchera de San José) utilizando un mecanismo de “enganche”
basado en el adelanto de dinero o productos, que luego el peón estaba obligado a
devolver con su trabajo. Los mensúes debían instalarse en el monte para extraer
yerba mate según técnicas primitivas. Ambrosetti describe las condiciones de
vida en los obrajes, con sus peones amontonados en tugurios temporarios,
trabajando a destajo larguísimas jornadas, mal alimentados, sin asistencia
sanitaria alguna (Jaume; e a 1989: 32).
Varios artistas de la región se han
inspirado en la vida del mensú para escribir y pintar. En sus poesías y cuentos
hacen mención de su alimentación principal, el reviro, alimento
energético indispensable para soportar la exigente jornada laboral. También se
menciona a la chipa, e inclusive al cogollo y gusano de tacuaras cuando
escasean otros alimentos. Asimismo, cuando vuelven a la ciudad, beben caña
para liberarse de las penas y sinsabores vividos, y sin saber bien cómo, en ese
estado de ebriedad, vuelven a firmar un contrato por el que se comprometen con
una nueva partida.
A continuación se transcribe un fragmento
del cuento “Los Mensú” de Horacio Quiroga, en donde se describe en qué consistía
la alimentación de este personaje tan misionero:
“Recomenzó,
automáticamente, sus días de obraje: silenciosos mates al levantarse, de
noche aún, que se sucedían sin desprender la mano de la pava; la exploración en
descubierta madera; el desayuno a las ocho -harina, charque y grasa–; el
hacha luego a busto descubierto, cuyo sudor arrastraba tábanos, barigüís y
mosquitos; después, el almuerzo —esta vez porotos y maíz flotando en la
inevitable grasa—, para concluir de noche, tras nueva lucha con las piezas de 8
por 30, con el yopará del mediodía.
Se estima que como pocos paraguayos
sobrevivieron a la Guerra de la Triple Alianza, gran parte de estos obrajeros
provenían de Brasil, que por aquella época se encontraba inmerso en fuertes
conflictos internos que propiciaron la expulsión de población. Esto se plasma en
las estadísticas demográficas de la época y en el empleo del portugués como
lengua corriente entre la población trabajadora y entre los pequeños productores
(Jaume e a, 1989: 34).
Un hecho novedoso de aquellos años fue el
crecimiento que experimentó la actual Posadas, que constituyó el asiento
principal de población durante todo el período y la llave de ingreso al Alto
Paraná, desde donde se organizaron las partidas hacia el monte. Además de algún
que otro poblado sobre la costa del Paraná o del Uruguay - como San Ignacio,
Santa Ana, Loreto, Candelaria, San Javier donde se registraron molinos
yerbateros, ingenios azucareros, de fariña – no existía población estable que
habitara la provincia. |