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Nuestro Pan de Cada Día y
la Globalización
En las últimas décadas, Misiones – al igual
que la mayor parte del planeta – ha sido afectada por el fenómeno de la
globalización, que a través de los medios masivos de comunicación promueven la
hiperhomogeneización cultural. En lo que se refiere a la gastronomía,
donde se la conoce como cocacolalización o macdonalización,
consiste en una progresiva reducción de las variedades vegetales y animales.
Alvárez y Pinotti (2000: 22) explican que
paralelamente a esta tendencia, existe otra que desea la
revitalización de lo local, la reafirmación de raíces étnicas y nacionales,
la auto-referencia cultural y simbólica. En la gastronomía estos dos movimientos
dialécticos (global-local) se reflejan en la disminución de los contrastes por
un lado, y el aumento de las variedades en los hábitos y gustos culinarios por
otro.
En el mundo global, homogeneidad y
particularidad proponen hoy dos vectores en que pueden ser situadas las
prácticas culinarias, en distintas direcciones, que van desde el cosmopolitismo
de la alta cocina (y de las exóticas) a la distinción mediante la apelación a la
“autenticidad” que porta la culinaria local y tradicional, pasando por la
homogeneidad del gusto que producen los alimentos estandarizados de la “fast
food” o el sincretismo posmoderno de las cocinas mestizas. Cuando el mercado ha
saturado de productos uniformes la cocina, aparecen también marcadores de
variación y distinción recurriendo a la diferenciación local, la tradición, la
autenticidad y la costumbre. La homogeneización que propone la globalización
es enfrentada por la tradición local y una cierta nostalgia por los platos y
sabores que se han ido perdiendo, por regresar a las fuentes de los patrimonios
culinarios que también sirven para provocar una afirmación identificadota.
(Álvarez; Pinotti, 2000: 22)
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